Discurso de Armando Hart*
Constituye un inmenso honor evocar la figura de Rodney Arismendi, latinoamericanista
consecuente, solidario a toda prueba con la revolución socialista
de Cuba, y a quien me unió una amistad basada en los principios
revolucionarios que compartíamos. Fue, además, un maestro
de mi generación.
Una reflexión sobre su estatura política e histórica
en el siglo XXI nos lleva a estudiar cómo enfrentar el drama
de lo que llamó izquierda en el siglo XX. Hay que hallar nuevos
caminos para las ideas socialistas, y Arismendi es uno de los puntos
esenciales de referencia.
No es posible encontrar las nuevas ideas a partir de los esquemas ideológicos
que nos llegaron de Europa. Resulta imprescindible, para entender el
mensaje de Marx, Engels y Lenin, procurar, a la luz de sus esencias,
la ruta de las nobles aspiraciones como las que se plantearon aquellos
gigantes del pensamiento universal. Hay que procurar nuevas vías
para enfrentar con éxito el drama humano que significa la explotación
del hombre que Carlos Marx y Federico Engels situaron en el centro de
sus análisis y su pasión revolucionaria.
José Martí y el pensamiento latinoamericano nos pueden
ayudar en esta dirección. El Apóstol cubano habló
de los hilos invisibles que unen a los hombres en la historia. Por eso,
hoy que buscamos la brújula de un nuevo pensamiento, tenemos
que ir al estudio de los próceres y pensadores de nuestra América,
y en especial el de los mejores comunistas del siglo XX, entre los cuales
sobresale, con luz propia, la personalidad del ilustre uruguayo que
estamos honrando.
Haber tenido la inmensa honra de conocerlo personalmente y de recibir
sus enseñanzas, me hace guardar para siempre en el corazón
la idea de estudiar y trabajar por rescatar lo mejor del socialismo.
Hace más de 50 años, aprendí que los romanos tenían
una institución jurídica que consistía en aceptar
las herencias a beneficio de inventario. Aconsejo a los jóvenes
estudiar el socialismo en el siglo XX latinoamericano a beneficio de
inventario porque es la única manera de asumir las esencias del
pensamiento de Marx y Engels. Y en ese inventario juegan un papel decisivo
personalidades históricas como Rodney Arismendi, político
honesto, hombre de cultura, consecuente militante y apasionado defensor
de los ideales latinoamericanos. También lo desempeñaron
figuras decisivas como el peruano José Carlos Mariátegui
y el cubano Julio Antonio Mella en décadas anteriores.
Para subrayar los hilos que unen a Mariátegui, Mella y Arismendi,
permítaseme traer aquí algunos párrafos de estos
gigantes y compararlos con el insigne revolucionario que estamos honrando.
Fue Mella, fundador de la Universidad Popular José Martí,
la Liga Antimperialista y el Partido Comunista de Cuba, quien en ocasión
del fallecimiento de Lenin en 1924, nos dejó clara constancia
de su visión del socialismo.
“En su tiempo y en su medio, fue un avanzado, y un superhombre
que supo con el poder de su genio da impulso poderoso a la transformación
de una civilización.
No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones
hechas en otros climas, en algunos puntos no comprendemos ciertas transformaciones,
en otros nuestro pensamiento es más avanzado pero seríamos
ciegos si negásemos el paso de avance dado por el hombre en el
camino de la liberación”.
Este pensamiento es paralelo al de Mariátegui cuando habló
de que el socialismo en América no podía ser copia y calco,
sino creación heroica.
Arismendi representa, en el siglo XX, la continuidad de la corriente
de pensamiento revolucionario del XIX latinoamericano. José Carlos
Mariátegui y Julio Antonio Mella postularon la necesidad de que
la revolución socialista fuera autóctona y ajustada a
las condiciones de cada país.
¿Cuál fue la cualidad esencial que representaban Arismendi
y lo mejor del pensamiento comunista latinoamericano?. Lo tienen ustedes
en estos párrafos que Arismendi pronunció contra la imposición
de esquemas prefabricados y de recetas escolásticas. Dijo:...
de la diversidad de los próceres nacionales, la riqueza de la
táctica, el ritmo distinto de los desarrollos, la intensidad
variada de la lucha de clases, la gama infinita del episodio político
en cada país, región o grupo de países”.
La vida le dio la razón.
La quiebra fundamental de las llamadas izquierdas en el siglo XX estuvo
determinada porque se divorció de la cultura y se estableció
un rígido esquematismo proveniente de lo que después devino
en el llamado “socialismo real”.
Arismendi poseía una visión clara acerca del papel de
la intelectualidad y la cultura en la lucha por la liberación
nacional y el socialismo. Subrayó como rasgo distintivo de las
batallas políticas en Uruguay y en América Latina la amplia
lucha de los intelectuales en la brega social y democrática y
su contribución a los combates antimperialistas. Fue un hombre
de acción política y social, periodista, estudioso de
la historia y de la literatura, con. una excelente obra teórica,
parlamentario avezado al servicio de los intereses populares que buscaba
la unidad entre los trabajadores, estudiantes y pueblo en general. Encarnó
en su época la necesidad más importante del socialismo
de ayer y de hoy vincular la cultura con la acción política
y social.
Esa es la memoria que guardo del entrañable compañero.
Fueron estas cualidades como dirigente comunista y como intelectual
apegado a la mejor tradición latinoamericana, la que le facilitó
mantener un acercamiento permanente con la revolución socialista
de Cuba y su firme disposición a defenderla en todo momento.
La defendió no sólo contra el imperialismo, pero no sólo
eso, sino también en nuestras discusiones y debates con el pensamiento
de los dirigentes soviéticos de la época.
Fue un admirador del Che, por quien sintió un profundo respeto.
Al recordarlo después de su muerte no vacilaba en señalarlo
como un ejemplo moral, político. Un emblema que quedaba entre
los seres más puros, entre los ejemplos más auténticos
y lo veía marchando codo a codo con lo mejor de nuestra América.
La decisión de nombrar esta plaza Rodney Arismendi por la Junta
Departamental de Montevideo, pone de manifiesto, una vez más,
el aprecio que une al pueblo de Uruguay con este hombre que durante
medio siglo mantuvo una sostenida acción política a favor
de las ideas más nobles de la liberación nacional y social
de su país y de los pueblos que consideró su patria grande:
América Latina.
Invito a que esta parte de la ciudad sea todo un símbolo de la
actividad desarrollada por Rodney Arismendi vinculada a las luchas de
la intelectualidad, la clase obrera y los trabajadores en general.
No voy a omitir un detalle personal. En medio de aquellas contradicciones
contra el imperialismo, de una parte, y las desviaciones producidas
en el seno del movimiento comunista, de la otra, Arismendi fue para
los hombres de mi generación una muestra de cómo abordar
estos temas, y lo fue porque poseía tres elementos claves: político
de sólida moral, visionario de las ideas más avanzadas
del socialismo y raíz latinoamericana.
La idea de Arismendi de organizar un Frente Amplio es un aporte singular
en el seno del movimiento comunista. Los comunistas solos no pueden
asumir la enorme responsabilidad de aglutinar a todo el pueblo.
Cualesquiera sean las conclusiones a que se lleguen en relación
con la historia política del Uruguay, hay algo que hoy debemos
examinar. A escala internacional tenemos necesidad de organizar un frente
bien amplio, más amplio de los que jamás hayan existido,
para enfrentar el nazi-fascismo que vienen promoviendo las oligarquías
norteamericanas. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba y
las instituciones sociales y culturales cubanas están auspiciando
esta idea. Los invito, en memoria de Arismendi y de su talento político,
a promoverlo en Uruguay.
El aporte principal de Martí y de la revolución cubana
a la historia de las ideas políticas en el mundo está
en que superó el viejo principio reaccionario de divide y vencerás
y estableció el postulado revolucionario de unir para vencer.
Esto es, en mi criterio, lo más original en relación a
las formas de hacer política de José Martí y Fidel
Castro.
Con las consignas de la lucha contra la corrupción, la inmoralidad,
el entreguismo al imperialismo los exhorto al combate contra las nuevas
formas de nazi-fascismo y a integrar a todos los hombres y mujeres honestos
de Uruguay en una lucha a favor de la genuina democracia, de la genuina
libertad, sólo viable sobre el fundamento moral.
Todos los políticos de América debieran aprender de Arismendi
y en especial de su honestidad personal y política.
Precisamente por eso, quiero concluir con un párrafo de Carlos
Marx que puede servimos de guía para los combates a favor de
las ideas socialistas de Arismendi.
Los comunistas del siglo XXI, necesitamos leer párrafos de Marx
y Engels que tienen una impresionante vigencia para nuestros programas
de acción; hagámoslos desde la cultura ética de
Nuestra América como la llamó Martí.
Decía el autor del Capital: “En el modo de producción
capitalista desarrollado, nadie sabe donde acaba la honradez y empieza
la estafa. Pero el que el poder público se ponga de parte del
estafador o de parte del estafado supone siempre una diferencia considerable”.
Señalaba Engels que la civilización hasta entonces había
creado una riqueza incalculable por encima de las sociedades primitivas
pero apoyándose en las pasiones más viles de los hombres
y a toda costa de sus mejores disposiciones.
He aquí la clave, alentar la ética como la más
importante disposición humana. Esta debe ser la matriz de cualquier
programa socialista para lograr la unidad de todas las fuerzas posibles
en cada país y en América Latina en su conjunto.
Arismendi estuvo siempre de parte de la ética y ella es hoy el
tema central de nuestras responsabilidades políticas. Por esto
al calor de sus enseñanzas, proclamó aquí en su
Montevideo querido:
Luchemos contra la inmoralidad, contra la corrupción, contra
el robo, que es el único camino posible de unimos a favor de
un mundo mejor. Por esa ruta podremos encontrar la luz del socialismo.
Amigos de Cuba en Uruguay: la necesidad de trasladarme a Buenos Aires
y tomar el avión para Cuba me impide tener el privilegio como
era mi más ferviente interés de estar con ustedes esta
noche.
Créanme que lo lamento profundamente porque un abrazo uruguayo-cubano
en Montevideo es para mi una inmensa felicidad. Con estas líneas
va pues, el abrazo.
Les prometo que en los próximos meses trataré de volver.
Ahora quiero subrayarles mi gratitud por el tratamiento cariñoso
que nos han dado y destacarles mi convicción acerca de que la
unidad de Latinoamérica, aquella de Martí y Artigas es
hoy posible si trabajamos por fortalecer los vínculos entrañables
entre nuestras Patrias. Estos días en que permanecí en
el cono sur de Latinoamérica, me lo han confirmado.
Nuestro “pequeño género humano» como nos caracterizó
Simón Bolívar tiene trascendente misión en el mundo
de hoy.
Trabajar modestamente junto a ustedes por esta meta, es un honor y una
satisfacción a la que no renuncio.
Gracias uruguayos, gracias amigos de Rodney Arismendi.
* Doctor. Ex-Ministro de Cultura de Cuba. Director de la Oficina del
Programa Martiano.
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