Discurso de Ruiz Pereyra Faget*
Señor Intendente Municipal de Montevideo, Arquitecto don Mariano
Arana; Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo,
don Carlos Varela; Legisladores y ediles presentes; Señor Rector
de la Universidad de la República, Doctor Ingeniero Rafael Guarga;
Señora Alcira Legaspi de Arismendi; Señora senadora Marina
Arismendi y señora Sonia Arismendi, hijas de Rodney Arismendi;
Doctor Armando Hart y delegados de instituciones amigas extranjeras
que han concurrido a este homenaje a Rodney Arismendi; Señor
Vicepresidente del Frente Amplio Ingeniero Químico Jorge Brovetto;
Doctor Wilfredo Penco, Presidente del Consejo Asesor de la fundación
Rodney Arismendi; Trabajadores del Cerro; vecinos del Cerro; Comisión
de Amigos de la Fundación Rodney Arismendi del Cerro; Invitados
nacionales;
Amigas y amigos:
Es, hoy, un día de fiesta para el pueblo uruguayo. Uno de sus
hijos más preclaros, -Rodney Arismendi- tiene, a partir de este
momento, un espacio público y un monumento que perpetuará
su memoria en el seno de su pueblo por cuya felicidad luchó toda
su vida en forma brillante y denodada. Este monumento, que corona el
busto de nuestro homenajeado, está asociado, además en
forma emotiva, al gran artista uruguayo, -Armando González- cuyo
combate junto al pueblo, lo llevó al exilio sin que haya podido
ver la recuperación de nuestra democracia. La obra de Gonzalito
ha sido tomada como modelo por otro gran escultor nacional, -Carlos
Medina- que ha plasmado magníficamente su reproducción
ampliada en el bronce emplazado en esta plaza.
La lucha de Arismendi no fue fácil. Eligió desde muy joven
una trinchera política, -el Partido Comunista del Uruguay- donde
debió enfrentar, junto con quienes integraban esas filas, los
ataques más despiadados de las fuerzas reaccionarias que querían
poner palos en las ruedas de un mundo en trance de profundas transformaciones.
Ya, muy joven, colocado en la responsabilidad más alta de su
Partido, cuando las estructuras económicas del país entraban
en una crisis general irreversible, tuvo el genio, que sólo las
grandes figuras en la historia poseen, de ver con claridad el camino
de salida, combatiendo todos los prejuicios y tendiendo los puentes
necesarios, sin mengua de sus principios que defendió sin concesiones.
La perspicaz mirada de Arismendi, apoyada en la experiencia de las luchas
liberadoras de la humanidad, rescató lo más valioso de
nuestra historia, enlazando las diversas etapas del proceso liberador
nacional con el nuevo papel que la historia contemporánea asignaba
a la clase obrera, fuerza nacional de avanzada y al mismo tiempo internacionalista.
El emplazamiento de su monumento aquí, en el Cerro, en el portal
de entrada de esta ciudad interior de nuestra gran capital, teatro de
grandes batallas obreras, que encontraron en Arismendi una esclarecida
expresión pública, es el lugar adecuado, -no podía
haber otro mejor- para este homenaje y así lo entendió
la población cerrense, el compañero Intendente Arquitecto
Mariano Arana y la Junta Departamental de Montevideo.
La reflexión de Arismendi fue penetrando en el análisis
concreto del proceso histórico uruguayo, de sus estructuras económicas,
-las que venían de la época de la Colonia y que no modificaron
la emancipación política, y las que fueron construyéndose
después soldadas a las anteriores. Junto a ellas la savia renovadora
de nuevas fuerzas sociales y de una cultura que, nacida en el pasado
ibérico, se fue tejiendo en el contradictorio devenir del torrente
tumultuoso emancipador y del aporte cosmopolita del aluvión inmigrante
y de ideas científicas de transformación y de justicia
social. Esta identidad cultural laica, compleja y diversa, latinoamericanista
y universal, enriquecida por el hábito creado por la práctica
democrática, sería la guía espiritual en el combate
por estructuras económicas y sociales, que surgían del
sonoro crujido de aquellas cuya hora final había sonado. Una
nueva teoría, guía del progreso futuro, surgía
del estudio del pasado concreto y de las nuevas condiciones históricas,
también concretas.
Esas tres banderas que flamean allí, -la uruguaya, la del Frente
Amplio y la del Partido Comunista del Uruguay- que tienen, además,
la connotación emocional de haber cubierto el féretro
de Rodney Arismendi, aquel sombrío 27 de diciembre de 1989 sintetizan
elocuentemente la concepción arismendista del proceso liberador
uruguayo y toda su pasión ciudadana y política, impregnada
de entrañable amor a su tierra, a su pueblo unido en el Frente
Amplio, a la clase obrera y a su Partido, de la que fue figura rectora
durante más de siete lustros.
El amor por la patria, esclavizada por la dictadura fascista instalada
en el país por el imperialismo cuando debatía democráticamente
su futuro y había puesto en marcha la fuerza política
alternativa que habría de cambiarlo, quedó en evidencia
ante todas las mujeres y hombres honestos de esta tierra, por el infatigable
esfuerzo de Arismendi realizado en el exilio por unir a todos los uruguayos
demócratas para expulsar al régimen usurpador que pisoteaba
la herencia artiguista.
Del mismo modo, la prueba irrefutable de los hechos mostró la
solidez teórica y política de su pensamiento ya que hoy
esa alternativa de gobierno, que la dictadura no pudo destruir, -el
Frente Amplio- tiene el apoyo indiscutible de la gran mayoría
del país. Ya, al constituirse en 1973, marcó el comienzo
del fin del bipartidismo histórico, ligado irremediablemente
a las estructuras económicas obsoletas y su inevitable triunfo
tendrá un impacto de una magnitud difícil de prever en
el mapa político que ha dominado la vida de la República
desde su nacimiento.
Pero sería un error el circunscribir el pensamiento y la acción
política de Rodney Arismendi a los límites de este pequeño
país. Su doctrina política, -el marxismo-leninismo- define
la época contemporánea como la etapa de las revoluciones
sociales anti-capitalistas donde la clase obrera, clase esencialmente
internacionalista, es la fuerza motriz principal. La creciente globalización
de las luchas sociales frente a un sistema opresor común, plantea
la necesidad de insertar el proceso liberador nacional en el curso liberador
de la humanidad. El Uruguay es una pequeñísima parte de
este mundo agitado por las crisis económicas y las guerras con
la que los poderosos, ávidos de insaciable apetencia de riquezas
ajenas, quieren resolver sus inconciliables contradicciones, a expensas
de la esclavización de otros pueblos.
Arismendi sintió, como todos los latinoamericanos honestos, fieles
al magisterio de Bolívar, de Martí y de Artigas, el dolor
de un continente explotado al que se le asignaba, en el reparto del
mundo por los imperialismos, el de mero proveedor de materias primas,
extraídas y comercializadas por los grandes monopolios. Advirtió,
desde el parlamento y desde el libro sobre el alcance de la política
norteamericana de “seguridad hemisférica”, puesta
en marcha el día siguiente a la finalización de la Segunda
Guerra Mundial. Esa política había sido trazada mucho
antes, quizás desde la segunda década del siglo XIX, -con
la doctrina Monroe- convirtiéndose en la llave maestra de la
política de largo plazo de ese imperio entonces en formación.
Y México, Cuba, Centroamérica y el Caribe, fueron sus
víctimas tempranas. Pero en el Río de la Plata empezó
a sentirse en toda su fuerza, en la segunda mitad del siglo pasado.
Arismendi vivió apasionadamente las grandes tragedias y las grandes
victorias de los pueblos latinoamericanos en esa lucha secular. Entre
las últimas ocupa un lugar especial la Revolución Cubana
a la que saludó, desde el comienzo, como “una proeza, expresión
avanzada de la revolución latinoamericana en marcha, eclosión
de un gran caudal subterráneo, la fuente en cuyas aguas se refleja
e irisa el sol que está madurando la libertad de nuestro continente”.
Su apoyo fue inclaudicable, fustigando las actitudes vacilantes. “La
vieja frase “Los dioses tienen sed” esgrimida contra todas
las auténticas revoluciones, -decía en 1961- no sólo
es una tergiversación sino también una calumnia dirigida
contra toda la revolución latinoamericana” cuyo objetivo
último es dividir el frente popular antimperialista.
Nuestra Fundación se precia de los profundos lazos que la unen
con la intelectualidad revolucionaria cubana y que cultiva y desarrolla
cada día. Testimonio de ello es la presencia hoy, en este acto,
de una gran figura histórica de esta heroica gesta redentora
de alcance continental que ha admirado y admira el mundo progresista:
el Doctor Armando Hart Dávalos, figura señera de la educación
y de la cultura cubana.
La Fundación Rodney Arismendi, que represento en este acto, a
quien pertenece la iniciativa de este homenaje en el 90º aniversario
del nacimiento de Arismendi, expresa su reconocimiento al señor
Intendente, Arquitecto Mariano Arana, por su apoyo y diligencia, al
señor Presidente de la Junta Departamental, don Carlos Varela,
al edil de la 1001, Luis Facio, a los ediles del Frente Amplio-Encuentro
Progresista y a todos los ediles que integran el Cuerpo, así
como a las dirigencias partidistas que, sin reticencias respaldaron
el homenaje en una elevada demostración de madurez política
y cultural, que las honra; a los equipos técnicos de la Intendencia
de Montevideo y a sus trabajadores; a la población del Cerro,
al Grupo de Amigos de la Fundación de esta ciudad, constituido
actualmente en Comisión, que se ha movilizado para que esta Plaza
Arismendi estuviera emplazada en este lugar y que ha asumido la responsabilidad
de su conservación; a las delegaciones extranjeras fraternas
que nos acompaña.
A todos ustedes, reitero, nuestro emocionado reconocimiento
Rodney Arismendi, que ya en vida había ingresado en la galería
de las grandes figuras nacionales y continentales, que conoció
el homenaje del parlamento, en distintas oportunidades, alcanza hoy,
por voluntad de su pueblo y sus dirigentes esta presencia simbólica
para que las nuevas generaciones se acerquen al conocimiento de su obra
y de su personalidad que es la forma, en definitiva, de mantener viva
su memoria.
Para facilitar este conocimiento es que se ha creado nuestra Fundación
y a partir del espíritu arismendiano promover las investigaciones
sociales y el amplio debate de ideas que la hora del país, de
América Latina y de un mundo en incontenible ebullición,
exige. Muchas gracias.
* Presidente de la Fundación Rodney Arismendi. Profesor de la
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad
de la República.
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