ANTE LA ESPIRAL DE SANGRE


El 15 de abril de 1972, la Asamblea General, con la oposición de los legisladores del Frente Amplio, vota una moción del Partido Nacional por la que se declara “estado de guerra interno” y suspensión de las garantías individuales por 30 días (el mensaje establecía 90 días). Al tratarse la prórroga del “estado de guerra interno”, en mayo, el diputado Rodney Arismendi vertió los conceptos que a continuación se transcriben, apoyando la propuesta del Gral. Seregni, expresada en la consigna “Paz para los cambios, cambios para la paz”.

Mientras haya posibilidades de cambios sin guerra civil, el pueblo debe practicarlas

...Soy un revolucionario, estimados amigos, pero creo que mientras en el país haya posibilidades de cambios sin guerra civil, el pueblo debe practicarlas para transformar una estructura política que le da el privilegio a latifundistas y banqueros que domina el capital extranjero, pero me manejo con una doctrina y una orientación que han normado más de cuarenta años de mi vida, el marxismo-leninismo. Pero yo pregunto: ¿Y los jóvenes que entran a la vida nacional y que se encuentran un día con que lo que se planteó como moral era la ventaja de unos pocos, que lo que se planteó como patria estaba negociado en el mercado internacional de los empréstitos, que lo que se planteó como la intangibilidad de las tradiciones era negociado en pactos sin principios?.

Y esos jóvenes, principalmente en su inmensa mayoría juventud venida de las capas medias, por lo tanto, desde mi punto de vista -desde el punto de vista del marxismo-leninismo- propensos a la vacilación, al radicalismo, a las fluctuaciones bruscas, entraron a la vida del país y así como yo, marxista-leninista, revolucionario obrero, pensaba que el problema fundamental era el de enfrentar el despotismo, la violación de la Constitución, por la unidad de las masas obreras y populares y abrir un nuevo rumbo en la República, ellos creyeron en una realidad determinada: que si tomaban un arma, que si conspiraban, que si tramaban determinadas acciones por minorías organizadas y decididas, iban a acelerar la revolución en el país. Desde el punto de vista filosófico, el suyo era un acto voluntarista.

¿Problema sociológico o problema de policía?


No hay ninguna revolución que no la haga un pueblo, pero para determinadas acciones sensacionales, heroicas o no, pueden bastar minorías sacrificadas, impulsivas, efervescentes. Entonces, ¿este es un fenómeno sociológico profundo, político, o es un problema de policías?
La historia ya conoce la actitud de Rosas de nombrar al Jefe de Policía, Director de Enseñanza. Pero también aquí hubo un Ministro que en el Senado, en medio de este drama, dijo que toda la cuestión social y todo lo que se planteaba era un problema de policía. Entonces, si esto es así, lo único racional y serio en el planteamiento del gran problema nacional, es comprender que debe abrirse el camino a una pacificación auténtica, cesar la política de exterminio y reabrir los caminos de la acción democrática en la República. En este sentido, el problema de la paz es el problema de la democracia, dentro de la cual la lucha de clases, económica, política y de ideas, deberá desarrollarse en otro cuadro.
Nosotros creemos, desde luego, que paz auténtica, paz sin miedo, paz sin hambre, paz sin opresión, paz sin negociado, no puede haberla definitivamente si no se acaba con la explotación del hombre por el hombre y de una nación por otra. Pero en el corto plazo se debe escoger si la República resuelve los temas que tiene por delante con medidas de exterminio o de pacificación. Y esto es lo que no se nos ha querido entender cuando lo planteó con gran altura el General Seregni en medio de esta situación política que pudo haber sido mucho más sangrienta de lo que se ha desarrollado. Repito que mucho más sangrienta.

La propuesta pacificadora del Frente Amplio

El Frente Amplio pudo adoptar una actitud simplemente de crítica, de fiscal de la historia del país. Era oposición, había sido golpeado, calumniado; fue víctima de atentados. Contra él se lanzó la campaña sincronizada más violenta de la historia de la República. Podría simplemente manifestar: hemos dicho tal cosa, hemos planteado tales problemas que eran las soluciones reales. La vida lo está comprobando. El Frente Amplio quiso hacer más que eso y por vía del General Seregni, en la hora más dramática, cuando estaba fresca la sangre que la tierra no pudo cubrir, de nuestros ocho compañeros, estableció las condiciones para el “alto del fuego” y de lucha por una paz auténtica en la República. Quiso con ello ahorrarle sangre inútil al pueblo, salir al paso a la llamada “lógica de la guerra” que va devorando la vida institucional y política, reduciendo a jirones la Constitución y las instituciones democráticas, con una desembocadura potencial de tiranía brutal y/o guerra civil. Era un planteamiento de lucha, una perspectiva de masas en lucha por la paz y la democracia, que objetivamente podía llevar a la coincidencia de todos los adversarios de un desenlace fascista, con vistas a reabrir el cauce democrático nacional. No era, pues, simplemente una plegaria, un planteamiento utópico o una especie de rezo -no debe entenderse esto en un sentido disminutorio- para que haya paz. Eran planteamientos razonables y proposiciones constructivas basadas en la lucha obrera y popular.
La paz auténtica de la República reclama cambios, transformaciones fundamentales en la estructura del país. De inmediato estábamos dispuestos a sacrificar nuestra intransigencia combatiente e irreductible en algunos aspectos, si la República resolvía un alto del fuego, que nos hubiera ahorrado sangre de jóvenes insurgentes, sangre de oficiales o soldados, sangre de ciudadanos, caídos por balas perdidas, sangre de gente muerta por torturas. Eso se tomó poco menos que como un planteamiento demagógico y los cocodrilos de alguna prensa y de algunos sectores de la oligarquía, llenados de oro con la sangre y el latrocinio del pueblo, vinculados a todos los negociados y todas las corrupciones...(¡Muy bien!). . . miserables explotadores de la República dijeron que estábamos levantando una consigna hipócrita cuando en verdad estábamos tomando el pulso a la nación.

El revolucionario es responsable de sus actos

Ningún revolucionario en el verdadero sentido de la palabra, que no alude a métodos sino a transformaciones profundas, deja de hacerse responsable de sus actos.
Hace bien poco rendimos homenaje a Jorge Dimitrov, gran figura del antifascismo y del comunismo internacional. Dimitrov en el tribunal de Leipzig dice: “Nosotros no tenemos política por partida doble, una doble contabilidad política e hicimos un partido de millones de personas. No podemos decir una cosa pública y otra privada. Tenemos una sola orientación y una sola línea”.
Y no defiende su coartada personal sino el honor de su línea, de su orientación de masas, de su criterio contrario a la idea “putchista”, golpista, contraria al marxismo, de las minorías transformadoras. Es decir, que el Frente Amplio planteó un gran tema nacional para su solución. Y llegamos aquí y estamos en las mismas.
Oí atentamente decir al señor Ministro -no quise interrumpirlo- que en tal Departamento queda un porcentaje de sedición -para emplear la palabra de moda- que en tal otro quedó un poco más para liquidar, que en otro de más allá, menos. ¿Y cuántos miles ya son los presos y cuánta la sangre caída?. Y nosotros no somos simples pacifistas. El diario “El País”, en un artículo deleznable, dijo que yo expresaba que no era pacifista en el sentido común de la palabra; yo diría en el sentido llorón de la palabra. Ya lo hemos dicho: somos revolucionarios, queremos cambiar el país. Y el día que nos mataron ocho compañeros dijimos: no nos hablen de paz mientras nos matan; somos muchos, tendrán que matarnos a todos. Pero eso no nos obnubila la cabeza ni la responsabilidad sobre los problemas nacionales y acerca de cuál es el verdadero camino de una solución para la República, que no puede ser el de ensangrentarla irresponsablemente o atemorizarla cuando la realidad está ofreciendo otras posibilidades.
[... ]
...tendríamos que ser ajenos al pueblo en que nacimos, tendríamos que ser ajenos al sentido de humanidad, si no nos preocupáramos por cada gota de sangre que corre; pero eso no se mide según la ley del embudo, según uno esté arriba y el otro esté abajo. Eso se mide por la cantidad de sangre que se va a derramar y para qué se va a derramar. ¿Adónde va el país?. ¿A la guerra civil, más tarde o más temprano?. ¿A una dictadura?. ¿A un régimen de libertades cercenadas y de leyes excepcionales permanentes?
[...]
En este momento el Uruguay conoce dos documentos sobre la actividad del Gobierno: uno, el mensaje sobre prórroga del estado de guerra y suspensión de las garantías individuales, aplicada -como lo ha señalado el señor Diputado Bruschera- cien mil veces fuera de las normas constitucionales y, en segundo lugar, la Carta de Intención firmada por el Ministro Forteza.
Esos son los dos actos políticos que presiden la vida nacional. El uno, los expedientes de la represión y su continuidad, en medio de una inmensas crisis nacional. El otro, el documento de la continuación de una orientación económico-financiera que ha llevado al Uruguay a sus actuales abismos. Y mientras tanto, en la calle, la sangre corre, las detenciones llegan a miles, el respeto o no a la Constitución pasa a ser tema académico, dentro de la lógica de la guerra, los atentados comienzan a cobrar víctimas sucesivas, y sigue lo que llamamos, en un momento determinado, la espiral de la sangre.

La protesta obrera y popular

Por otra parte, al costado de esto y enlazándose en esta situación, el crecimiento permanente de la protesta y la reclamación de grandes masas obreras, populares, sindicales, de agricultores, de ganaderos, de viticultores, de plantadores paperos, remolacheros, comerciantes, carniceros, que van a la lucha por múltiples razones, y cada Ministro, inclusive el que va al Congreso de la Federación Rural, es prácticamente un hombre que ataja papeles contra el viento. Y la verdad es que al mismo tiempo la minoría que expolió al país, que aprovechó de los años pasados, el pequeño núcleo de banqueros, de grandes latifundistas, de grandes comerciantes y monopolios extranjeros que explotaron a la República, gente sin divisa, bipartidistas o no, siguen aprovechando todo esto y siguen saqueando a la República: los dólares se van al extranjero, tendremos veda de carne, los frigoríficos están parados, y los bancos subvencionados. Mientras tanto, estado de guerra, suspensión de garantías, medidas de fuerza.
El Presidente de la República, a quien interrumpimos en la Asamblea General porque lo veíamos como la expresión de un régimen que veníamos soportando, proclamó que deseaba una apertura. Y como dijo el General Seregni en su discurso ¿puede haber apertura, retorno democrático dentro de este cuadro?. Nosotros contribuiremos, claro está, a toda apertura democrática; a todo alejamiento del espectro de la tiranía que ha estado presente en el país.
Todo esto muestra la verdad del planteamiento de la lucha por la paz o la pacificación, o como quiera llamársele, que ya se ha transformado en consigna fundamental del Frente Amplio. Ya dije que no es una plegaria ni un gesto de pacifismo llorón. Es el planteamiento de cómo abrir en el Uruguay el restablecimiento de una vida democrática y de una solución para que la lucha se defina en el campo real de las ideas, porque mientras el país no tenga necesidad de que se derrame sangre -y los uruguayos tienen una larga historia de sangre detrás de sí-, nunca se debe jugar esa carta suprema y apostar a ella.

El movimiento de masas señala el camino

Quiere decir que este es un ciclo fatal, es una repetición histórica, pero que ahora es mucho más dramática, porque tal como lo anunciamos a los señores Ministros de Economía y Finanzas y de Defensa Nacional en los debates sobre las Medidas Prontas de Seguridad, eso conducía al Uruguay a una siniestra espiral de sangre, que si no pudo ser mucho más grande, que si no se transformó en una Guatemala total, fue porque una parte fundamental y mayoritaria del movimiento obrero y popular opinaba que el movimiento de masas era el camino, y de su seno nació el Frente Amplio, y porque, además, fuerzas fundamentales de oposición empujaron para otro camino.
¿Dónde estaría la República, si no, en el momento actual? ¿Y es poco dónde está? ¿Es poco tres mil, cuatro mil, cinco mil presos? ¿Es poco cien, doscientos, trescientos muertos? ¿Es poco que las Fueras Armadas hayan tenido que transformarse en fuerzas de Policía, encubiertas bajo el nombre de la guerra, pero en la realidad con funciones policiales? ¿Es poco todo lo que se ha visto acá? Esto hay que plantearlo así, y si hay éxitos y golpes dados por las Fuerzas Armadas a los tupamaros o no los hay, no cambia la situación. Cambia, desde el punto de vista de una correlación militar determinada; cambia, desde el punto de vista de que se conduce al país a una nueva situación basada en la fuerza. Pero, ¿cambia en cuanto a las causas, a la etiología, a las bases profundas, a las razones del fenómeno, a lo que va a ser el destino del Uruguay?
Se habla de lo que queremos para los jóvenes -y todos tenemos hijos aquí-, y yo digo: ¡Sacrosanta la rebeldía de los jóvenes, equivocados o no! ¡Peor que fueran jóvenes sumisos y castrados!.

Oligarquía y pueblo

Por lo tanto, la pacificación como la planteamos nosotros no era hija de una victoria o de una derrota militar; no era hija de un resultado. Era hija de un gran planteamiento nacional, mirando las cosas de fondo. Invocaba un camino para restablecer la democracia en el país, para encarar los problemas de fondo, pues en la República aparecían dos frentes claros: oligarquía y pueblo. Y aun cuando teníamos marcadas en el corazón las huellas de los ocho muertos nuestros, dijimos: no hay que confundirse: el problema no es Fuerzas Armadas - clase obrera. Eso desdibuja el fenómeno. El problema es oligarquía y pueblo, tengan sotana, ropas de obrero u uniforme. Oligarquía y pueblo: esta es la gran división que está en el fondo del gran drama de la República, mayor todavía si pensamos que los textos oficiales de estudio del Estado Mayor brasileño plantean al Uruguay como el objetivo próximo de colonización dentro del gran Brasil: mayor aún si pensamos que un país pequeño como el nuestro, situado en el apéndice sur de esta América dominada por el imperialismo, o se salva manteniendo sus valores esenciales del pasado y sus mejores virtudes, y resolviendo sus problemas, o se hunde, aun con el riesgo de la pérdida total de su soberanía y de su independencia, como lo decía muy bien el General Seregni.
Por eso mismo es un gran error lo que se nos señala y plantea: “5í, ¡la democracia!. ¡Se la está salvando!” He polemizado aquí con un señor legislador muy inteligente que decía: la división es entre marxismo- leninismo y los demás. No, ésa es una contabilidad inventada por la oligarquía y por los que tienen los dedos sucios. En el momento actual, la alternativa que se plantea al país es democracia, o fascismo y sangre, o fascismo y guerra civil o fascismo y seguir en esta espiral siniestra de la “guatemalizacióri”. Ese es el planteo real pero dialéctico. Y nosotros, que aspiramos al socialismo, que entramos en la vida política a los catorce años, que seguimos en la misma línea, que hemos escrito, hablado y defendido siempre nuestro pensamiento revolucionario, no somos indiferentes a que el país se dirija hacia la dictadura o hacia la democracia. [...]

Fragmentos de la intervención de Arismendi
en la Asamblea General en mayo de 1972.
Texto y subtítulos tomados de la recopilación
Rodney Arismendi. La construcción de la unidad de la izquierda
Fundación Rodney Arismendi- Montevideo- 1999